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Andar feliz, parece que molesta

Entro al ascensor que viene lleno esta mañana. Saludo sonriente con un ‘Buenos días’ y sólo tres pajaritos de los 7 me responden con la cabeza gacha. ‘Pobres’ me digo para dentro y sigo mi camino. Saludo a la señora de la recepción y le pregunto por su fin de semana, ella cabizbaja me dice que bien y corta el diálogo. Escribo un mail y me tomo el tiempo para preguntarle por cómo ha estado, cómo está su familia o qué hizo el fin de semana… la respuesta es escueta y cortante. Está estresado, me escribe.

Y yo me digo, cuánto les cambiaría la vida si tan sólo se permitieran ser felices. Si se dieran los minutos para saludar al resto, sonreír, bromear. Pero no, porque pareciera que en Chile se estila andar en tono gris y casi se ve mal andar feliz. ‘Está loca, anda todo el día arriba de la pelota’… ‘Quizás por qué anda así, riéndose todo el tiempo’… Y al final, todos piensan que es raro andar contento, cuando lo raro debería ser andar bajoneada por la vida.

‘¿Cómo te fue en la playa?’ le pregunto a una compañera y ella me responde ‘bien, bien, estuvo entretenido… PERO, el lugar era caro y no muy bonito’ El clásico PERO que todo lo empaña. Porque el lado negativo siempre le gana al positivo en esta gente que se niega a ser feliz.

Incluso me sorprende que mujeres solteras anden por la vida con esta dinámica fatalista y quejumbrosa, cuando se ha comprobado casi científicamente que andar sonriente atrae miradas y los hombres (y yo también) se fijan muchísimo más en aquellas féminas que transmiten buena onda y son alegres, que aquellas que todo les parece una lata. 

Y es que ser feliz es una decisión, de eso no me cabe duda. Pero también es un trabajo de medio tiempo, pues se debe luchar contra el entorno que tira para abajo a cualquiera. Hay que ser fuerte y mantenerse arriba por el mayor tiempo posible y, ojalá, contagiar al resto. Y que no es responsabilidad de tu pareja hacerte feliz, sino que es un asunto individual y que el ‘otro’ sólo viene a compartirla conmigo. Por lo mismo, tampoco soy yo la responsable de que él sea feliz. ¿Se entiende?

La felicidad es una actitud de vida, que decides tomarla cada mañana al despertar y mantener cada tarde cuando un problema te abate. Aprendiendo así a ser feliz pese a los dolores, a las penas y los obstáculos. Porque no se puede esperar el estado de perfección para serlo, sino que se es feliz porque se decide serlo.

Yo seguiré saludando y sonriendo, y espero al menos contagiar a uno en mi camino. Si lo logro, quizás así cuando mis nietos sean grandes, convivan en una sociedad más amable y generosa, más libre y feliz. El legado no es menor.

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