Relatos Eróticos

EL LLAMADO DE LA CARNE (Relato Completo) Por Karen Uribarri

La tenía ahí, recostada, como una pluma que se posa en el lago al atardecer. La pierna flectada, los ojos cerrados y la luz del sol que se asomaba por la ventana salpicada de polvo y gotas de riego. Su calzón diminuto y travieso, se desplazó de su lugar y descubría uno de sus labios rosas y calvos. Tuvo ganas, muchas, de posar la yema de su dedo en la piel aterciopelada que allí mostraba. Pero se contuvo… la despertaría y mirarla era un deleite.

Algo soñaba porque su respiración era agitada. ¿Una pesadilla, quizás? Qué intriga no saberlo. Pero sus pezones aclararon la duda. Lentamente comienzan a endurecerse, aumentando el volumen, como un cráter que estuviera a punto de explotar. ¿Y si lo calma? ¿Y si la lengua apagara su ardor?

Mejor marcharse… Ya llegará el momento.

Por la noche la vio salir de su pieza, con su pelo revuelto, desordenado y esos ojos de sueño que parecieran no irse jamás. Sobre su cuerpo, un vestido largo blanco y los pies descalzos. ¡Qué mujer más linda!, pensaba en su interior, mientras ella avanzaba por los pasillos como si él ni siquiera estuviese ahí. Pero ella no sabía que sí había estado y más cerca de lo que pensado…

León había llegado a trabajar a ese lugar hace un mes. Repararían las murallas de su añosa casa, ahí entre paltos y almendros, entre parras y tomates.

Era verano y los grados estaban por las nubes. León no se sacaba esos lentes oscuros negros que escondían la mirada libidinosa que le provocaba verla. De jeans holgados y a torso desnudo, preparaba el cemento cerca de ella, que no se inmutaba mientras tomaba el sol.

El pecho blanco y lampiño de León, destacaba más aún su delgadez, pero provocaba algo extraño… deseos de acariciar. Se veía suave, como la piel de un recién nacido, pero con cara de malo y de boca sabrosa. Ella por fin lo mira al oírlo cantar. Lo distingue entre la multitud y sus manos le susurran caricias que él ni se imagina.

Acostada sobre el pasto con sus audífonos explotando al ritmo sudoroso de Phantom Limb de Alice In Chains, se gira espalda al sol. Él no se da cuenta lo que por fin está provocando en ella.

León suelta la pala, se sacude el pelo y con la manguera se refresca la cabeza entera. Uf… El agua comienza a caer por su cuello, por ese pecho casi de adolescente y chorrea el agua por su boca… ay, esa boca… Y ella aprieta las piernas, las cruza una y otra vez. Lo siente abultado. Lo siente ardiendo y mojado. Debe ser el calor. El calor de no haber visto lo que estaba tan cerca.

Se avergüenza por sentirlo. Quiere entrar y ocultarse tras la cortina para ver sin tanta exposición. Aunque su mente ya está sobre él, como presa de una leona con apetito, con esa hambre que no se apaga jamás, no al menos hasta devorarlo por completo.

León por fin hace contacto. Y sus labios se entreabren sorprendido… Uno, dos, tres segundos… ¡Cuánto pasó en esa mirada!

¡Arranca!, se dice ella. ¡Arranca que sabrá lo que piensas! Porque su mirada era así… metiéndose en todos sus secretos y misterios.

¿Quién lo dejó entrar ahí? ¡Sale de mi fantasía! Ella se perturba y toma sus cosas y corre tras la puerta de esa casa contenedora con el corazón a mil. Él la sigue con su mirada, queriendo detenerla…

Por la mañana, al despertar por un rayo de sol que se posó en su cara, Lola no puede dejar de pensar en los labios y la mirada perversa de León. Se asoma por la ventana con ansias de encontrarlo trabajando en el jardín, pero con miedo de que, por lo mismo, ella no pueda detener sus impulsos y se acerque más y más a él.

Era muy temprano, y León terminaba su café sentado en una banca de madera instalada bajo el nogal. Nadie a su alrededor, aprovecha el calor matutino para cambiarse de ropa al aire libre y usar la de trabajo que día a día lo acompaña. Encorvado con su delgadez, intenta sacarse los jeans al mismo tiempo que esas zapatillas y calcetines. Se apura, tiene prisa y teme ser descubierto. Mira para todos lados y pierde el equilibrio. Vuelve a intentar la hazaña sentado en esa vieja banca y queda en un calzoncillo amarillo, holgado, como si lo hubiese comprado en otra talla y no hubiese encontrado otro para usar ese día. Lola, desilusionada de no verlo como los hombres de las revistas, suspira silenciosa. Hasta que él se pone de pie y deja traslucir el enorme bulto que jamás creyó podría tener. Y apretó las piernas, fuerte, para que sus labios congestionados silenciaran la calentura que de inmediato le generó. Cruza las piernas y apoya sus manos en la barriga, como conteniendo el piropo que quiso lanzarle a viva voz.

Eran las 7.45 am y Lola aceleró la levantada para poder ir al encuentro de León. Agarró en el camino la canasta de la señora María, esa que usa para recoger huevos al fondo del predio y caminó en esa dirección.

-Buenos días Señorita Lola, le dice León con la voz grave y la mirada picarona.

-Buenos días, responde muy seria ella y con ese aire de superioridad que intenta siempre interponer entre ambos.

-¿La puedo ayudar?, se acelera a preguntarle León.

-Voy a buscar los huevos. Gracias, pero puedo sola. Responde Lola con tono tímido.

El corazón le latía tan fuerte que pensó no podría seguir respirando. Y al llegar al gallinero se giró para ver si él la seguía… Pero ya no estaba. Desorientada buscó entre las gallinas y cerró la reja con la cadena. Estaba en eso, cuando siente sus manos en las caderas, directamente en ellas -Lola, en un grito de instinto, sólo llevaba un vestido celeste con flores que alguna vez le coció la madrina del sur, pero sin su calzón-.

-¡Qué hac…!, intenta decir Lola, cuando León le sella la boca con un beso. Un beso de esos en que los labios se comen los del otro, en los que quedan tan mojados que no sabes si podrás sacarte esa sensación de la piel alguna vez. Y de pronto la lengua, intensa, fuerte, imponente. La piel se le pone de gallina. Las entrañas tiritan. La vulva se moja. Los pezones se ponen firmes… Y se entrega…

Con la respiración agitada y sintiendo con cada centímetro de su piel, desvía su mano al pantalón de León, en esas ansias hambrientas de tener en sus manos eso que vio tras la ventana escondida. Quiere sentir cuán duro es. Quiere sentir esa turgencia de una erección ancha y venosa. Lo quiere ahí, para agitarlo con el descontrol que él le provoca. Con esa sensación de que no existen tabúes ni vergüenzas y de que por fin ella puede ser ella. Y de pronto… ahhhhhhhhggghhhh…. Sus dedos entran hasta el fondo, dos, tres dedos, y el sonido de la humedad. Ya no le da vergüenza que la liquidez le moje la mano. Perdió el pudor en sus brazos.

Y cuando él va a sacarle la mano de su vagina, ella le toma la muñeca con fuerza y lo obliga a entrar una y mil veces. Se muerde la boca. No puede gritar. Pero quiere hacerlo tan fuerte que hasta los pájaros volarían de sus ramas del temor a ser devorados. Le muerde el hombro, el brazo… él gime… y le dice esas cosas que los señores no dirían… esas cosas perversas… Dos embestidas más y ya… Una…. Dos… Tres!!!! Y la fuerza de su vagina estrangula la mano de León casi completa dentro de ella. Retuerce las piernas, aprieta los tobillos. Encoge sus dedos y se queda sin respiración…

Silencio. Sólo en sus oídos rebota su pulsación. Silencio.

Suena una bocina. Son las 8.30am… llegaron los trabajadores y el portón comienza a abrirse con ese sonar de los metales oxidados y el ladrido de los perros.

León la mira, como despidiéndose y corre hacia el nogal. Lola se esconde en el gallinero hasta volver a respirar. A eso ella le llama “un mañanero”.

 

(Ilustración tomada de Pinterest de Idalia Candelas)

Karen Uribarri, autora de "Manual de Sexo a la Chilena" y del libro "Inteligencia Sexual - El instinto no basta". Sex Coach y de Parejas certificada. Terapeuta y Consejera Sexual. Periodista. SexBlogger. IG: @karenuribarrig Fb: @karenuribarrig

7 Comments

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

You have successfully subscribed to the newsletter

There was an error while trying to send your request. Please try again.

SraK will use the information you provide on this form to be in touch with you and to provide updates and marketing.