SraK

El amor en tiempos de cólera. Por Karen Uribarri.

“La vida había de depararles todavía

otras pruebas mortales, por supuesto,

pero ya no importaba:

estaban en la otra orilla”.

Gabriel García Márquez, El amor en los tiempos del cólera.

Si cierro los ojos, recuerdo como ayer, los días en que en nuestro país y en otros, ardían en llamas las diferencias sociales, se disparaban rabias, se cerraban fronteras, se asesinaban a los distintos, se declaraba la guerra a los mundos opuestos. Y en las aguas turbulentas morían inocentes de poca suerte, que nacidos en el lugar equivocado sintieron el hambre y la desesperación.

Los animales encerrados, la bulla ensordecedora, los focos que espantan hasta las cigarras. Las abejas no se posaban en las flores y escasamente vi pasar un colibrí en mi ventana. El silencio era un bien escaso.

Y vivir el día a día en un mundo en tiempos de arrebato, de ausencia de empatía y de competencia superflua nos estaba matando desde dentro hacia fuera. Nos pudríamos como las manzanas que ni Eva quería morder. Y allí, en ese cajón de fruta maloliente, estábamos formando familias, parejas, hijos…

Entonces cuando me preguntan cómo es el amor en tiempos de Covid19, yo sólo pienso en que ya teníamos un virus incrustado tan incómodo que nos convertimos en seres deformes y de mirada perdida. Y así como el coronavirus ha llevado a parejas al precipicio… a otras les dio la oportunidad de enmendar y de reconectar.

Vivir se volvió el privilegio. Porque nada de lo que antes te hacía lucir exitoso, hoy te sirve. Nada. Y comer es motivo de agradecimiento y despertar sano es un milagro.

Una de mis amigas me dice que tener un enemigo en común la acopló a su pareja y pasaron a tercer plano todas aquellas pequeñeces que antes los llevaba a discutir. Hoy nada es tan importante salvo el bienestar familiar.

Mi otra amiga está de acuerdo y cree que cocinar con su marido ha sido el gran salvavidas. “Esto nos ha ayudado a reconectarnos, a conversar, a dejar de juntarnos tanto con gente para juntarnos los dos”, afirma reflexiva.

Al preguntarle a un amigo qué cree que no los ha empujado al vacío, me responde enfático que “lo mismo que salva al amor de cualquier crisis: El humor”. Y me quedo pensando en lo clave que me resulta la risa de buena gana en un amor de esos que salvan y curan hasta del cólera del peor de los tiempos.

¿Será que el convivir con pandemias terminará siendo una característica más de esta sociedad “líquida” en que vivimos, como la calificó Zygnunt Baunmant? Puede ser.  Porque, ¿hay algo más líquido que reorganizar las relaciones familiares, laborales y educativas aislados en el estrecho espacio de una casa? Sólo quizás algunas relaciones amorosas seguirán manteniendo aquella sólida tradición de amarse, generalmente, entre cuatro paredes.

Y así es que llegamos a mi vereda, en la que te hablo de Hacer el Amor. Esta cercanía obligatoria de parejas y esposos, ha afectado o bendito la intimidad. Y a varios los ha llevado a HACER EL AMOR. Una frase tan usada para hablar del coito sin más, cuando hacer el amor es tanto más. Porque el amor no es algo que se nos da hecho, como del árbol caído, sino que hay que hacerlo, construirlo, formarlo continuamente. Que por lo demás requiere de cierta sensibilidad y empatía que sólo se despierta si le ponemos atención, porque ya sabemos que la bulla y el reloj sólo apagan el interruptor…

De pronto, en mi mesa él me deja en silencio, esa rica taza de café que amo beber cada tarde. Su aroma inunda mi espacio. Cierro los ojos y veo a mi papá sentado en ese mullido sillón de su pieza mirándome en silencio. Esa mirada que yo sabía qué significaba. Entonces yo le traía su café. Tres cuartos de taza y amargo como le gustaba. Gestos de ternura que hacen el amor.

Y esos gestos hacen tanto o más que el acto sexual en días de crisis como los que vivimos hace más de 80 días. Porque ahora el amor se viste de compasión, de gratitud, de bondad, de altruismo.

¿Qué el sexo es importante? ¡Claro que lo es! ¡Me lo vas a venir a decir a mí, la promotora oficial del buen revolcón! Pero con el “enemigo en común” afuera… me ayuda a respirar la ternura, el cuidado, la risa, el abrazo en el silencio y el beso que calma para hacerte dormir. Y aunque no soy una adivina del futuro, creo que en todo esto, igual terminaremos enlazados en las sábanas indagando las profundidades del otro y respirando el mismo aire agitado y orgásmico de la energía que juntos hacemos explotar.

Quizás vivir el amor en tiempos de Covid les de la oportunidad de salvarse juntos.

Recuerda “La raíz de todas las pasiones es el amor. De él nace la tristeza, el gozo, la alegría y la desesperación”, Lope de Vega.

Karen Uribarri

Karen Uribarri

Karen Uribarri, autora de los libros "Manual de Sexo a la Chilena", "Inteligencia Sexual - El instinto no basta" y de "Sexo Libre... y Consciente". Sex Coach y de Parejas certificada. Terapeuta y Consejera Sexual. Periodista. SexBlogger.
IG: @karenuribarrig
Fb: @karenuribarrig

1 comentario

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  • Amor y Humor!
    Que bién que relatas estos días tristes… pero pintados de mil colores en cada lugar;para espantar esta angustia y dolor del día a día.
    Gracias Karen x esta nota,levanta el ánimo y se demuestra absolutamente que lo único rescatable de esta “Corona fantasma” es el “Bendito AMOR”