Relatos Eróticos

Fiesta de Máscaras – Relato Erótico

Sale de casa con la entrepierna húmeda de lo que su imaginación no se ha detenido en adelantar.

Años esperando que ocurriese. Años saboreando en silencio esa boca maldita y sintiendo enmudecida sus manos abriendo sus piernas suave y lentamente.

La máscara negra, el vestido de látex, los tacones rojos… ¿quién podría reconocerla así? La fiesta era el momento ideal para ayudarlo a botar esas barreras de mierda entre la moral y las buenas costumbres. Un lazo de seda en su cartera, el cuerpo perfumado de Aphrodisia, ese secreto que ocultó el Kamasutra. Rosa, Ylang-Ylang, jazmín y especias orientales… el encanto de los aromas que lo atraparían por fin.

Ella era la leona, él la presa. Y la liga el enganche perfecto.

Como buen artista, él seguro se vestiría de ese Fantasma de la Ópera que alguna vez le escuchó decir soñaba representar. Esperaba no fueran muchos los que pensaran así… Aunque la sonrisa lo delataría. Ella conocía esa sonrisa tímida y atrevida. Esa sonrisa llena de secretos y ataduras.

La casona llena de grandes velones, antorchas, jaulas luminosas y la música sonando fuerte, ensordecedora, excitante, enloquecedora…

-Rammstein. La clave secreta para ingresar.

Se le aprieta el estómago, las piernas, las rodillas… es ahora o nunca.

Las máscaras no le permiten reconocer a nadie y la iluminación no la ayudaba. En las esquinas mujeres bailando besándose los pechos mientras sus cuerpos resbalan aceitados y alocados. Un sillón morado intenso recibe en sus brazos a dos hombres que saborean a una voluptuosa mujer de pezones grandes y oscuros. Uno de ellos se adentra en su cuerpo con vigor, como tratando de tocar su fondo. Ella no lo tiene, ella desea más y lo empuja con violencia. El arroja un aullido.

Sigue sonando Korn y ella aún no lo encuentra. La frustración se apodera. Y no quiere estar con nadie más. Ella le oyó decir que iría… ¿pero si anda con ella? ¿Y si no logra acercarse? El miedo se apodera cuando lo divisa en la esquina del salón, al lado de esa chimenea que más parece de película de terror.

El mundo desaparece alrededor… y ella camina felina y decidida tras su presa. No se agazapa. No se oculta. Quiere que la vea venir. Quiere que sienta miedo. Quiere que no tenga escapatoria. Quiere que sienta el temor que se siente cuando se salta al vacío y que sabes que esa caída puede ser tan adictiva, que te lanzarás tantas más veces de las que jamás pensaste llegarías a lograr.

Lo arrastra al sillón cercano y le arranca la máscara sin más. Se sienta a horcajadas sobre su cara y él la recibe con la boca abierta y culebrea esa lengua mojada, descubriendo y haciendo crecer su clítoris. Ella se frota, el captura sus senos, los aprieta fuerte y suave, con rabia, con ternura. No sabe qué siente, pero ya sabe que es ella. Su aroma… él sabe que es ella. Lo soñó antes y muchas veces más. Lo sabe y gime y respira caluroso. Uno, dos, tres dedos dentro y ella grita. Grita fuerte. Nadie la oye. La música enérgica la silencia. Su boca de fuego, su barba incipiente y la fricción, la lengua adentro, la mano, se frota, se frota y no puede dejar de hacerlo. Su espalda arqueada, siente que desmayará de tanto placer, mientras él le pinza los pezones duros como queriendo arrancarlos pero protegerlos a la vez. Hacia adelante. Hacia atrás. Y los ojos se cierran y se marea.

El descubre su pene y comienza a tocarse. Ella siente el movimiento y le calienta tanto verlo romper sus reglas.

“No te detengas”, le advierte. Y se lanza sobre él queriendo que la atraviese, sí, que la atraviese por completo. Que le llene el vacío y ella lanza ese grito gutural que lo asusta. Repta sobre su pene, una y otra vez, mientras se toca en su cara y suena a una bestia liberada, a esa bestia que él jamás pensó podría poseer. Y se corre, no puede controlarlo más, y se corre. Y la mira extasiado, casi inconsciente. Ella se para con su cara cubierta por la máscara que jamás se retiró. Hunde sus propios dedos dentro de su vagina y los lleva a su boca para chuparlos a modo de triunfo. Y se va por la misma puerta por la que llegó… pero antes, dejando ver su rostro y su sonrisa dulce y maquiavélica a la vez.

“Fuiste mío”, le dice. Y se va.

Escrito por Karen Uribarri (@karenuribarrig)

Karen Uribarri, autora de "Manual de Sexo a la Chilena" y del libro "Inteligencia Sexual - El instinto no basta". Sex Coach y de Parejas certificada. Terapeuta y Consejera Sexual. Periodista. SexBlogger. IG: @karenuribarrig Fb: @karenuribarrig

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